¿Qué carajo
quiero? Me siento incómodo incluso escribiendo. Sé que voy a estar
insatisfecho hasta cuando termine de escribir. Afortunadamente mi
hórrida letra funciona encriptando mis palabras a los ojos curiosos.
No puedo cortar el reflujo. Someto palabras para mis fines musicales.
Ya no me importa lo que escribo sino seguir la partitura. A veces la
memotia no me deja tan a mano el repertorio de constructos para armar
mi castillito de babadas balbuceantes. Ah si pudiera detener mi
errante andar mi inefable dinamismo de la paja en construcción y del
rojo fuerte por detrás del verde color pantano. Oda Nobunaga mira a
mi a reprobación. No he seguido el Hagakure y Tao Te Ching tá
descontento. Sé que debería mirar la presentación pero esta gente
aburre tanto que prefiero sacarme un moco y pegarlo en el embrollo de
tinturas asqueroso. LA RAYA VERDE – HENRY MATISSE.
Me abrumo y me da
por recordar tu olor a cigarrillo~x~x~x~x~x~x~x~x~x~x~x~x~x~x~x~x~
Me cortaron el
chorro y ya no puedo seguir. Voy a poner en marcha el plan de
contingencias que he estado ideando. Me calmo, respiro, y empiezo a
seducir de vuelta a Palabra, que salga de su cueva. La impaciencia la
intimida y si me calmo se interesa, se entrega. Una vez fuera ya no
puede escapar. Suenan los trombones augurando catastrófes y
un dique se revienta y no lo puedo contener. Sin embargo está
cansada y quiere volver a su cubil. Palabra no soporta a las idiotas
que no dejan de distraer con su banalidad intrascendente. Si
murieran, la faz de la tierra permanecería inmutable.
Las odio.
Tengo varios caos
por dónde vomito la imparable ebullicencia de mis tripas. Me los han
instalado lado a lado, todo erecto con alambres. Uno es Masturbación,
tapado ahora por química anorgasmia retrógrada. En él hecho mis
ganas de morir y mi añoranza del incesto maternal. Palabra está
guardada pero hoy salió a jugar. Nunca tengo claras sus intenciones.
Ahora por ejemplo está tranquila, lindurita. Pinturita hoy tuvo un
exabrupto pero está demasiado distraída mentruando su hedonismo. No
quiere servir a mi causa y sólo le interesa buscar la belleza. Pero
su falta de voluntad (“will”) la hace manipulable, para mí o
para otros. Así como hoy dibujó un samurái mañana quiere
mariposas y ponis (tengo el deja vu del deja vu). Otro caño ya
bastante castigado es Violinista, el delirio de hacer sonar. La he
abusado tanto que es como una mujer golpeada: no habla, no tiene
deseos, padece incontinencia. Sólo espera que alguien venga y le
eche mano. Eso no me gusta, quiero que se levante y me vuelva a
hablar. Antes la agarraba y el misterio me enturbiaba y solía
cancionar. Ahora le conozco todas las mañas, está sometida, sumisa.
Este caño esta lleno de vómito.
Mi otro caño está
limpio (casi) pero es demasiado exógeno. Se llama Falkland. Está
dispuesta, lista a que me den las arcadas pero el diafragma se
convulsa y ya no hay qué regurgitar. Por lo tanto tengo dos grandes
insatisfacciones latentes: la suciedad de mis tambores y mi
desprovisionamiento de vómito con qué pragmatizarlos.